Cuando el globo explotó

Llevamos casi 5 meses desde que la pandemia comenzó.; Fue el 15 de marzo, cuando nadie se imaginó que nuestras vidas cambiarían tanto.  Recuerdo haber recogido a mis hijos del colegio, el gobierno había dicho que los niños reiniciaban las clases el 1 de abril.; Recuerdo la alegría de mis hijos, para ellos y para muchos serían dos semanas de vacaciones, dos semanas más en casa.

Mis hijos suelen disfrutar mucho del colegio; disfrutan de sus profesores, de aprender, pero sobre todo de los amigos, y conforme fue pasando el tiempo, nos fuimos dando cuenta que todo cambiaría, la ilusión de primer grado de lo que sería para mis hijos el inicio de la  primaria; se fue perdiendo; El colegio, como lo conocíamos iba desapareciendo, se  fue transformando modalidad virtual, las diferencias entre los padres sobre si debíamos seguir pagando la  pensión desató confrontaciones, la ansiedad comenzaba a desatarse entre los adultos que se veían inmersos en una situación realmente retadora. Y los niños ¿qué? ¿Alguien pensaba en ellos? No lo hacía el gobierno, y los adultos estábamos metidos en nuestros propios asuntos.

El otro día mientras jugábamos en familia con el globo de mi hija, este se reventó. Todos nos quedamos en silencio, y de pronto comenzó a llorar. Era un llanto desconsolado, se había acabado la vida de Globi, así lo llamaba, prometí comprar otro, pero las cosas no acabaron ahí. Al día siguiente, cuando llegó la hora de dormir, mi hija nuevamente comenzó a llorar recordando a Globi, lloraba, me abrazaba y me repetía que no podría olvidarlo. Pocas veces suelo sentir esa tristeza tan desgarradora, esto me hizo pensar en lo que ese llanto representaba, solo atiné a decirle “cuántas cosas has perdido”, ella asintió con la cabeza, y siguió llorando. Escucho mucho sobre como ahora los niños están disfrutando de sus padres, y en muchos casos es verdad, pero seamos sinceros, hay cosas que los niños necesitan y que no van a encontrar en casa. La mejor amiga de mi hija vive a 10 cuadras, pero no se han visto, y ella la extraña. La escucho repetir con emoción “cuando acabe la cuarentena quiero que Coti venga a conocer mi nueva casa” (logramos   mudarnos en medio de toda la situación). Yo asiento con la cabeza, no porque no vaya a pasar, sino porque no sé cuándo es que pasará.

Mi hijo también extraña a sus mejores amigos. Con uno de ellos se pudo ver en la playa, con mascarilla y distancia, pero esto no es suficiente, la visita a nuestros seres queridos tiene un sabor agridulce. Mi hijo que suele ser muy espontáneo, hablaba con su profesora explicándole lo difícil que era hacer las tareas en casa, “es que a mí me gusta el colegio” le decía, y sí, a todos nos gusta estar con los amigos. Todos nuestros espacios se han visto trastocados, la casa que era el lugar para descansar del colegio, ahora es el “colegio”.  Los padres que disfrutábamos de recoger a nuestros hijos del colegio para que nos contaran sus aventuras, ahora somos parte de ellas, y ¿saben qué?, no ha resultado muy grata.

Los niños la están pasando mal a pesar de estar con sus padres 24/7. Me pregunto qué tan saludable puede ser ello si las peleas por las tareas pueden resultar interminables, si no hay un extrañar a los padres, ni un extrañar a los hijos. Por más buenos padres que seamos o por más amor que los hijos sientan por los padres, necesitamos salir de la endogamia, necesitamos de ese otro que nos muestre también su mirada del mundo, porque ese otro mundo también nos nutre.

La carga emocional está siendo muy grande para los niños, muchos padres esperan que sus hijos se comporten correctamente, “porque ahora los vemos todo el día”, y no, la vida no funciona así. A través del juego que se da en la socialización los niños pueden procesar angustias, expresar su enojo, sentirse sostenidos y aprender del y con el otro.

No podemos perder de vista a nuestros niños, al conversar con madres y padres de hijos únicos me expresan lo abatidos que ven a sus hijos, “necesitan ver a sus amigos” me dicen angustiados.

“Mi hija ha retrocedido” comenta una mamá, mientras que yo solo pienso “es que vivir encerrados no es parte de nuestra naturaleza humana y el caos interno comienza a manifestarse”.

También me pregunto qué pasará cuando retomen el colegio. Algunos niños, a quienes les cuesta más sociabilizar, les será más difícil el regreso. Los que aprenden más lento, llegarán menos preparados al siguiente año escolar… por ahora solo nos queda esperar ese retorno albergando la gran incertidumbre y las intensas ganas de recuperar el mundo sin pandemia.

Mi hija llora a su globo, quien dice le daba consuelo, y tal vez, solo tal vez “la pérdida del globo” es lo que le ha permitiendo llorar por todo lo que ha perdido.

Mi hijo, quien comenzó a leer “niñas rebeldes”, quiere escribir su propio libro de cuentos, “niños rebeldes”, donde los personajes principales serán sus amigos. Pero me dice que lo que realmente quiere es poder escribir esas historias con sus amigos.

Ahora, mi experiencia no es la de la realidad peruana. Mis hijos tienen casa, comida y unos padres con bastante paciencia, que muchas veces la pierden, pero con recursos que al fin de cuentas les darán a nuestros hijos una mejor experiencia de esta terrible pandemia. Sin embargo, tenemos que mirar más allá, preguntarnos qué pasa con las familias más vulnerables, donde los padres tienen que ver la manera de sobrevivir exponiéndose más al virus, donde sus familias se están contagiando más que las nuestras, donde los padres no sabes cómo enseñar a sus hijos porque no tiene una educación adecuada. Es probable que el maltrato habrá aumentado y nada ni nadie podrá evitarlo, debemos ver la manera de ayudar a estos niños que no pueden defenderse, que reciben golpes, donde no hay una figura parental ni una figura del estado que los proteja.

Debemos cuidarnos todos porque solo así saldremos de esta.

Autor (es):

Alejandra Caravedo

Psicoanalista en formación de Adultos, de Niños y Adolescentes en el Instituto de la Sociedad Peruana de Psicoanálisis.

4 comentarios

  • Gracias ! Las consecuencias al final de la pandemia son inimaginables… Si hoy vemos cómo la espontánea actitud de aproximación y curiosidad entre los niños que se encuentran en los juegos infantiles se ha transformado en una actitud de desconfianza y alejamiento … será muy complicado recuperarse de todo esto… Seguimos aprendiendo a cuidarnos y cuidar de los nuestros del covid y sobretodo de nuestra vida emocional…

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  • Pues ya vamos a punto de cumplir un año en esta vida diferente. Tengo un hijo de 10 años, que a los 5 meses de empezado esto estalló en una crisis emocional muy fuerte, previamente yo había estado con ataques de ansiedad y hasta pánico creo el mes anterior. Y hasta ahora me pregunto cómo hace mi hijo para procesar todos estos cambios. Aunque de hecho sus síntomas gástricos que se han vuelto permanentes me demuestran que no lo procesa bien y es de esperar. Me da muchísima tristeza por todos los niños en general, que son los que más han padecen esto creo yo, pues su mundo se trastocó de un día a otro y no vuelve aún. Mi hijo extraña ir al colegio a jugar, estudiar, ver otro mundo, y no soporta las clases virtuales ni las tareas. Quién diría que algo tan simple como ir al parque, llevarlo al colegio y recogerlo, ir al cine o que juegue fútbol es algo tan lejano e imposible ahora.

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  • Felicitaciones Ale! conmovedor y tierno relato además de lúcido y articulado!!! …también extraño a Globi 🎈…y a todos los que se han ido explotados por esta pandemia infame, bizarra, horrible!!!
    Gracias por escribir algo tan bonito!!!
    Un abrazo enorme!!! ❤️

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  • Ufff! Que escrito tan acertado, no se si nos hemos detenido a pensar en las pérdidas que hemos tenido en esta nueva realidad, algunas muy sutiles y otras mucho más evidentes, pero no dejan de ser pérdidas al fin.

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