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Para los que no se
quedaron en el camino

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nuestros queridos ancianos…

Ya has recorrido el tramo más largo de tu vida. Nadie mejor que tú sabe eso, lo sientes en tu cuerpo, en tu mente, lo ves en tus sueños y en tus pensamientos.

Sin duda deben ser diversos los sentimientos y sensaciones que tienes en esta etapa de tu vida: La incomodidad de sentir que tu cuerpo pierde agilidad y agudeza y te genera algún malestar o dolor; la satisfacción de haber andado un camino largo y tener bríos para seguir; el orgullo de verte todavía creativo y animado; la alegría de contar con amplia experiencia que casi parece sabiduría.

Quizá algunos días experimentes cambios de humor, ansiedad o incluso desolación, sobre todo si muchos de tus compañeros ya partieron llevándose un pedacito de ti.

En este tiempo de cuarentena…

Ojalá estés acompañado. Se lleva mejor la cuarentena con la cercanía cariñosa de otras personas.

Seguramente debes extrañar muchas cosas: El abrazo de tus nietos, de tus hijos, las reuniones con tus amigos, los paseos por el parque, tu rutina y hasta tus consultas con el médico.

Tal vez incluso sientas que esta cuarentena te está robando tiempo valioso de tu vida.

Posiblemente la pandemia incremente tus miedos y te haga sentir más vulnerable. ¡Cómo no!

Estás en el grupo que más protección necesita.

¿Qué puedes hacer?

Cuídate y déjate cuidar. Confía en las medidas que mejor pueden protegerte. Sé paciente con la cuarentena.

Aprovecha cualquier ocasión para hablar con tus seres queridos, aunque sea a la distancia.

Acompáñate de tus mejores recuerdos, de la música que te gusta y de las buenas historias.

No pelees con tu cuerpo, reconcíliate con él, sobre todo con aquella parte que te causa malestar. Háblale a tu corazón. Recuerda las veces que venciste a la enfermedad y al dolor. Allí tienes experiencia ganada.

Cuida tu tiempo de descanso, tus horas de sueño.

Y cuando estes a solas…

Voltea la mirada hacia atrás, valora las cosas que has hecho bien y te han salido bien. El cariño que prodigaste y el que recibiste, tus proyectos realizados, tus metas alcanzadas. Disfruta de la satisfacción del camino andado.

No te culpes por aquello que no conseguiste. Valora el esfuerzo que le pusiste.

Sé benevolente contigo, no te castigues por tus fallas. Acepta con humildad los errores cometidos y aprecia las oportunidades en que te disculpaste.

No te exijas si ves que te falta ánimo y luces apagado. Tranquiliza a tu familia, diles que tu ritmo ha cambiado y es normal que estés retraído, pensativo y con ganas de estar solo.

Todo esto puede darte más serenidad y fortaleza.

¿Te asusta pensar en la muerte?

Recuerda que a todos nos asusta la idea de morir. Eso nos hace humanos. Solo los humanos tenemos conciencia de la muerte. Compartir lo que piensas y lo que sientes puede ayudarte a disminuir el temor. No se llama a la muerte si hablamos de ella y no nos debilita hacerlo.

A algunas personas les hace sentir bien hablar con su familia sobre el último tiempo de su vida:

Contar sus memorias, compartir su sabiduría: lo que la vida les ha enseñado, transmitir sus secretos para hacer lo que hacen bien.

Dar instrucciones sobre qué deben hacer si enferman… además de estar cerca con su cariño y cuidado.

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Podremos escucharte y apoyarte.

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