Las cuatro palmeras

 

El 31 de mayo de 1970 todo cambió en la vida de mi familia.  Así también debe haber pasado en la vida de miles de familias peruanas que tenían algún vínculo con Yungay en Ancash.  70,000 víctimas es muy difícil de imaginar.  Hace poco reconocí que se cumplen 50 años de aquello y que veces hay dolores tan abruptos, tan silenciados por inimaginables metros y metros de tierra y piedras que necesitan años para abrirse como un dolor que se puede abrazar.

Hoy, en mayo del 2020, en mis momentos de mayor angustia, cuando siento que todo lo que pisa mi vida se remueve, cuando siento la fragilidad en el ambiente, no dejo de pensar en que hemos vivido en la historia de las familias peruanas nuestros propios aluviones.  Para los descendientes de yungaínos como yo,  se nos desaparecieron abuelos, tíos, primos que nunca más aparecieron en las fotos.  Pero se llevaron además un modo de vivir en esa linda y aristocrática Yungay de los relatos de sobremesa de mi papá, quien perdió ahí madre, hermanos, sobrinos, amigos, compadres.  Una familia a la mitad.  Fue doloroso, fue sin palabras y ahora me es necesario poner palabras para poder usar lo que mi historia vivió y hoy necesito sentir vivo dentro de mí para enfrentar al virus con corona.

Hoy que me estremece un virus como el ruido horroroso del barro y las piedras en las historias de mi papá, no dejo de pensar en que estamos hechos de las historias de sobrevivencias de nuestra gente.  Angela Merkel se refería en su impresionante discurso de marzo de este año a la segunda guerra mundial y a la reunificación alemana, para explicarle a sus conciudadanos que el Covid-19 cambiaba su modo de vida, que era serio y de consecuencias amplias en su modo de estar en el mundo.  Ella llamaba a la memoria emocional histórica de esas experiencias de guerra, de encuentros trágicos y conmovedores.

¿Qué se puede avivar en la memoria de los peruanos? Y es que creo que si pensamos en la íntima historia de cada familia, hay algo que sobrevivimos:  migraciones, desastres naturales, violencias.  Mi padre sobrevivió a dos aluviones, yo nací después del último pero ha quedado impregnada en mi memoria emocional, esa hecha de relatos donde habían miedos y esperanzas sin palabras a veces, esa que ha quedado en mí como una historia de duelos, de dolor pero también de fuerza. Era más bonito cuando lo recordaba con poemas o canciones.

Hoy que todo cambia, hoy me da miedo perder a los que amo, me da miedo el futuro, me da rabia la corrupción que llena de vacío los hospitales regionales como antaño.  Y cuando más angustia siento, más pienso en las cuatro palmeras que me llevaron a conocer desde niña, las miro en mis sueños y me imagino a mí misma cogida de ellas con todas mis fuerzas y que otros se cojan a mí y yo de ellos.  Está claro que de ésta saldremos mejor si nos reconocemos entre todos como parte de este enorme problema y si recordamos además nuestras historias de sobrevivencia.  Quizás hoy podamos además reconocer la importancia de expresar lo que a veces no tiene palabras:  el cómo será el futuro cuando todo esto acabe.

 

Imagen: captura de pantalla de https://www.youtube.com/watch?v=2hNHKOTIatk

Autor (es):

Alicia Angeles

Psicoanalista en formación en el instituto de la Sociedad Peruana de Psicoanálisis

3 comentarios

  • Alicia, yo conocí Yungay. Una razón para conocerlo en ése tiempo fue que mi dentista era -no recuerdo con tanta seguridad el primer nombre, pero creo que era Roberto Ángeles, y yo lo había conocido en la Universidad de San Marcos, donde yo estudié y era en esa época profesor, y tuve un motivo para tener cercanía a él en el hecho de que él era comunista y yo tenía una militancia
    de izquierda, no sé si cuando yo era social-progresista, o si cuando me radicalicé más. Pero, en todo caso, puede que los detalles hayan sufrido del paso del tiempo, pero tengo esos recuerdos, También recuerdo haber ido a Yungay y haber visto la Plaza de Armas de la ciudad, que era tan bella, cubierto de lodo y, según creo recordar, de las cuatro palmeras que tenía Yungay, había tres que habían resistido el embate del lodo desprendido por el sismo. Con todas las incertidumbres acerca de los hechos que estoy relatando, reciba Usted la renovación de mis condolencias y mi solidaridad.

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  • Muy conmovedor y cierta la necesidad de apelar a nuestras experiencias de sobrevivencia.
    Buen texto Alicia!

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  • Fueron momentos muy dolorosos para muchos yungainos y esperemos que jamás se vuelvan a repetir pero lamentablemente no conoces el futuro. Sin duda alguna se han cumplido 50 años y parece mentira como ha pasado el tiempo hasta la fecha.

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