El Guasón / The Joker

EL GUASÓN / THE JOKER

Autor(es): Roxana Dubreuil

Atención: Alerta de spoiler.

Hace tiempo que no salía tan conmovida y movilizada del cine como al ver la magistral película El Guasón (The Joker de Todd Phillips, Estados Unidos, 2019.  León de Oro a mejor película, Festival de Venecia 2019), la cual se estrenó casualmente pocas semanas antes del Día Mundial de la Salud Mental, invitándonos a pensar en lo lejos que estamos de tomar conciencia sobre la crucial relevancia de los vínculos tempranos, así como de las condiciones ambientales y sociales, para el favorable desarrollo de la misma.

The Joker, que a simple vista puede parecer una suerte de oda al desenfreno, la agresividad y la violencia, siendo por esto fuertemente cuestionada, es en realidad una crítica a la sociedad y al mundo tan brutalmente violento en el que vivimos; a la crueldad del sistema; a la falla de las instituciones (aquellas que supuestamente deberían protegernos, representantes del padre en la mente). La película nos lleva a pensar en el uso indiscriminado de armas (sobre todo en Estados Unidos); en los gobernantes que solo buscan enriquecerse y obtener más poder siendo indiferentes al desprotegido, al marginal, al distinto, al enfermo mental. Al respecto, cabe preguntarnos cómo así un personaje como Donald Trump puede haber sido elegido presidente de Estados Unidos, lugar en donde está ambientada la película. Esta obra es un reflejo de la sociedad individualista contemporánea, de la violencia silenciosa de la indiferencia, de la falta de empatía y compasión hacia el sufrimiento del otro.

Arthur Fleck (The Joker), protagonizado magistralmente por Joaquín Phoenix, vive con su madre y trabaja como payaso para ganarse la vida. Rápidamente evidenciamos que sufre de trastornos mentales así como de una enfermedad neurológica que lo hace reír incontrolablemente en momentos inesperados e inadecuados. Envuelto en el caos reinante de la ciudad en la que vive (una ciudad plagada de ratas gigantes), visita regularmente a una asistenta social muy desconectada afectivamente, a través de la cual consigue sus medicamentos, que al poco tiempo deja de recibir debido a que están cerrando el programa de servicio social. Pronto vemos cómo comienzan los ataques y burlas hacia él, tanto de personas de la calle como de un influyente presentador de un programa de televisión. Es entonces que un compañero de trabajo le da una pistola para defenderse, la cual es descubierta en su trabajo por lo cual es despedido. Durante un viaje en metro es atacado por unos hombres de negocios a los cuales termina asesinando, lo cual desata un movimiento social de protesta contra los ricos y poderosos con manifestantes usando máscaras de payaso que reflejan al payaso asesino no identificado.

Paralelamente vemos el recorrido del personaje a través de su historia personal, una historia que él mismo va descubriendo y que nos permite observar sus precarios vínculos tempranos, el abandono sufrido, la mentira, los maltratos y abusos a los que ha sido sometido, así como las consecuencias de esta falta de cuidados y apoyo emocional en la temprana infancia. Esto nos permite ir comprendiendo su decadente mundo interno y a observar el progresivo quiebre de su salud mental (sobre todo desde que ya no tiene acceso a la medicación).

Un punto central de la película es la relación patológica, fusionada, que Arthur mantiene con su madre, una mujer perturbada, esquizofrenógena y el quiebre, odio y la furia asesina que se desatan en él al descubrir que le ha mentido sobre sus orígenes. Hay un cuestionamiento a su identidad; si no es hijo de su madre y no sabe quién es su padre ¿quién es él? Siguiendo a Donald Winnicott, el infante necesita ser visto por la madre para sentir que existe, que es real. Podemos preguntarnos cuánto esta madre narcisista, simbiótica, ha sido capaz de verlo: “A veces no sé si existo o no existo”. Al comenzar a cometer los asesinatos, logra obtener una gran atención y notoriedad, siendo mirado como nunca antes, lo cual parece llevarlo a sentirse real y vivo por primera vez. “Hasta hace poco sentía que nadie me veía, en toda mi vida no sabía si realmente existía y la gente está comenzando a notarme”. Esta visibilidad lo lleva a ir descubriendo un placer maniaco en matar, plasmado en sus excéntricos bailes donde parece sentirse “feliz” y vital por primera vez. Estos asesinatos van volviéndolo cada vez más agresivo, llevándolo a matar a aquellos por quienes se siente burlado o agredido, entre ellos a Murray, el entrevistador que lo había invitado a su programa, en plena entrevista televisiva, terminando nuevamente internado en un nosocomio.

Esta película cuestiona también la cultura de la “felicidad” en la que vivimos, la cual nos invita a evadir el dolor y a aparentar estar siempre felices y sonrientes. Esto es de alguna manera caricaturizado en el personaje y en su risa inapropiada que parece forzada y que nos incomoda, “No he sido feliz ni un maldito minuto de mi vida”. Al respecto pensaba en Robin Williams, (quien además hacía de payaso feliz en Patch Adams) y en la profunda conmoción que generó su suicidio, ya que daba la impresión de ser una persona alegre y muy vital, siempre sonriente. Como sabemos la pulsión de muerte desatada puede irse tanto contra uno mismo, como contra los demás y esto lo observamos también en the Joker, quien en más de una ocasión se apunta a sí mismo con la pistola, como pensando en suicidarse. Bruno Bettelheim, haciendo referencia a los prisioneros de los campos de concentración, planteaba que en las personas constantemente humilladas y maltratadas, los instintos de vida tienden a retroceder, y el impulso de muerte puede llegar a dominar al individuo, lo cual podemos observar claramente en la película, donde la pulsión de muerte no ligada termina desatando una nefasta destructividad.

Otro aspecto importante de la película es el interjuego entre lo real y lo imaginado o fantaseado (y aquí se juega también con la idea del Comic) entre lo que realmente estaba sucediendo y lo que era producto de los delirios y alucinaciones de Arthur. Durante gran parte de la película pensamos que tenía una relación amorosa con su vecina, y es recién cerca del final que descubrimos que esto era producto de su delirio y fantasía de deseo; tampoco sabemos a ciencia cierta si su madre, era su madre biológica o si había sido adoptado y si su padre era o no el poderoso multimillonario postulante a Alcalde. Todo esto nos lleva a pensar en los demonios de la locura, en la psicosis, donde todo está escindido, donde debemos ir reconstruyendo pequeños pedacitos para armar la historia de vida de una mente psicótica que ha sido fragmentada y que es plasmada de manera grandiosa en el guión de la película, lo cual acompañado de un sountrack extraordinario y una ambientación caótica, te sumergen y absorben en este mundo sórdido, precario y perturbado.

The Joker es el payaso triste, que sonríe mientras llora por dentro y como sabemos la tristeza y depresión también oculta mucha rabia, odio y amargura. Si bien la violencia es tan antigua como la humanidad, la película puede llevarnos también a pensar en fenómenos actuales como los frecuentes tiroteos y asesinatos cometidos por jóvenes en colegios y en lugares públicos en distintas partes del mundo así como en complejos fenómenos sociales como los asesinatos masivos a inocentes por fundamentalistas islámicos; en el totalitarismo y fanatismo reflejado en posturas radicales como la de los supremacistas blancos y el repudio a los inmigrantes. Así mismo nos invita a pensar en el resurgimiento neonazi y antisemita, sobre todo en Estados Unidos y en Europa, cómo en Alemania la semana pasada, donde en pleno Yom Kipur, el día del perdón, la fecha más importante del calendario judío, un sujeto ingreso a una sinagoga armando un tiroteo y asesinando así a dos personas. El hombre filmó todo y lo transmitió en vivo, mientras negaba el Holocausto y culpaba a los judíos de los problemas globales del mundo. O sin irnos tan lejos, podemos pensar en Sendero Luminoso, que esperemos no presente un fuerte brote ahora que sus más grandes líderes están siendo liberados. Muchos de estos escenarios radicales, fanáticos y sumamente destructivos, reflejan la necesidad de certezas y están con frecuencia conformados por personas y poblaciones históricamente humilladas y maltratadas, como el personaje de The Joker y si bien muchos de ellos son complejos fenómenos más grupales que individuales deberían despertar una alarma que nos invite a replantearnos nuestro futuro como seres humanos.

Michael Moore, autor de Bowling for Columbine, señala respecto a The Joker: “Nos han dicho que es violenta, enferma y moralmente corrupta. Una incitación y celebración del asesinato… (En realidad) El mayor peligro para la sociedad puede ser que no vayas a ver esta película. La historia que cuenta y los problemas que plantea son tan profundos y tan necesarios que si apartas la mirada del ingenio de esta obra de arte, perderás el regalo del espejo que nos ofrece”. La negación de lo que nos perturba, el no querer ver, no querer saber, como la negación del Holocausto (lo cual es irrisorio) o de las miles de víctimas inocentes ultrajadas, desaparecidas, asesinadas durante los años del conflicto armado interno en el Perú, no hace más que perpetuar la enfermedad de nuestra sociedad. Y es por esto que The Joker ha generado grandes resistencias ya que funciona como una suerte de espejo en zoom de la conflictiva social. Sin embargo, solamente viendo, acercándonos a esta brutal violencia que nos rodea, podremos cuestionarnos y pensar para intentar elaborar la terrible y desbordada agresividad y destructividad de la sociedad en la que vivimos. Solo pensando y recordando podremos intentar frenar la reiterada repetición sin fin de esta destructividad y violencia desgarradora.

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