Comentarios sobre la película: La teta asustada

Autor(es): Denise F. Vasconcelos – Psicoanalista en Formación de la Sociedad Psicoanalista de Mato Grosso del Sul (SPMS) – BRASIL

Año: 2009

Guión y dirección: Claudia Llosa

País:  España / Perú

Premios: Festival de Berlín: Oso de Oro, Premio Internacional de la Crítica FIPRESCI.

Nominaciones:  Oscar:  Nominada a mejor película de habla no inglesa.

Goya: Nominada a mejor película hispanoamericana.

Ariel: Nominada a mejor película iberoamericana.

 

“La Teta Asustada” es una película fuerte y de importancia relevante, por traer al conocimiento general los impactos sufridos por el pueblo peruano como  consecuencia del movimiento Sendero Luminoso y de su represión. Éste fue un movimiento revolucionario iniciado en la región andina del Perú, organizado por universitarios comunistas inspirados en el maoísmo, con el objetivo de establecer un gobierno direccionado a los campesinos.

La sociedad peruana está marcada por significativas diferencias étnicas, sociales y culturales, lo que favoreció el surgimiento del Sendero Luminoso que en su desarrollo, durante su actuación y en su represión por el Estado, tuvo un efecto traumático considerable sobre su pueblo. Creo que para el análisis de la película, estas informaciones sobre ese movimiento revolucionario son suficientes, aunque tengo conciencia de lo tan rico en detalles y meandros que  sea.

Más  que el de los traumas sufridos en esa revolución, como es el caso de Perpetua y Fausta, la película trae un mensaje de esperanza, por presentar una historia de superación de trauma, lo que interesa mucho al psicoanálisis.

 

CÓMO Y POR QUÉ SURGEN LOS TABÚES

A partir de un acontecimiento histórico – el movimiento Sendero Luminoso – y la consecuente violencia vivida por muchas mujeres, es creada una leyenda, que según Michaelis (2001), viene a ser una historia de la tradición popular, fantástica e imaginaria, cuya autenticidad no se puede probar, como es el caso de la trama de esta película, «La teta asustada».

Se trata de la historia de una joven peruana, Fausta, cuya madre, Perpetua, fue víctima de estupro cuando Fausta se encontraba en su vientre. Lo ocurrido podría no haber traído otras consecuencias, además del horror de tal experiencia, pero se crea una leyenda que dice que el seno de esas víctimas habría sido “contaminado”, produciendo mala leche. Al mamar esa leche, el bebé perdería su alma que, asustada, correría a esconderse bajo la tierra.

Esta leyenda es creada a partir de un tabú que, según Freud (1913 [1912-13]), tiene la connotación de algo sagrado, pero al mismo tiempo peligroso, entre otras cualidades, y que se expresa en prohibiciones y restricciones que se imponen por su propia cuenta, sin fundamentación religiosa o moral y, en la mayoría de las veces, ininteligibles para los que no son dominados por ellas.

Hablamos aquí, en primer lugar de la quiebra de un tabú practicado por los violadores. En períodos de guerra, los combatientes se ven tomados por sus impulsos más violentos, agresivos, justamente aquellos que más tuvieron que reprimir para garantizar una convivencia social y civilizada. Al matar el otro, su semejante, sublimación de la agresividad o su vuelta contra sí mismo deja de ser una opción.  La pulsión de muerte se vuelve hacia su opositor y toda la crueldad es puesta fuera, a costa del otro.

En el caso del estupro, además de matar, el combatiente libera su instinto más primitivo y practica la violencia, que nada más es que la representación del «incesto», desplazamiento del deseo inconsciente que él tuvo que reprimir, o sea, de someter la madre y matar al padre.

Ese acto instintivo, primitivo, viene repleto de perversidad, pues somete al enemigo en aquello que él tiene de más caro, que es su compañera y su prole, consiguiendo así el dominio del otro por la vergüenza, por la pérdida de la honradez, por el fracaso en su principal responsabilidad, la protección de su familia. Es la muerte psíquica.

La violencia es de tal suerte que sabemos que en las tribus antiguas los guerreros, al retornar de batallas sangrientas, eran obligados a pasar algún tiempo alejados de su gente, con la finalidad de limpiarse de la carga de agresividad y dos horrores de la lucha.

(…) «los hombres no son criaturas gentiles que desean ser amadas y que, al máximo, pueden defenderse cuando atacadas; por el contrario, son criaturas entre cuyas dotes instintivas se debe tomar en cuenta una poderosa cuota de agresividad. Como resultado de eso, su prójimo es, para ellos, no solamente un ayudante potencial o un objeto sexual, sino también alguien con quien que intenta satisfacer lo que se refiere a su agresividad, a explotar su capacidad de trabajo sin compensación, utilizarlo sexualmente sin su consentimiento, apoderarse de sus posesiones, humillarlo, causarle sufrimiento, torturarlo y matarlo. – Homo homini lupus. (…) En circunstancias que le son favorables, cuando las fuerzas mentales contrarias que normalmente la inhiben se encuentran fuera de acción ella también se manifiesta espontáneamente y revela el hombre como una bestia salvaje, a quien la consideración para con su propia especie es algo extraño.» (FREUD, 1930 (1929) p.116)

 

Y ¿POR QUÉ EL TABÚ “PERPETUA”?

La prohibición del contacto con el objeto del tabú no se restringe al contacto físico, su simple recuerdo debe ser evitado. Siendo así, podemos suponer que la idea de mantener esas mujeres violentadas y sus descendientes alejados de la población, tendría como objetivo, intentar olvidar la violencia del ataque sufrido, evitando pensar en el riesgo a que todos estarían sujetos, de ser violentados y también de provocar la liberación de sus instintos primitivos reprimidos. Sobre eso, dice Freud:

«Por detrás de todas esas prohibiciones parece haber algo como una teoría de que ellas son necesarias porque ciertas personas y cosas están cargadas de un poder peligroso que puede ser transferido a través del contacto con ellas, casi como una infección (…) cualquiera que haya transgredido una de esas prohibiciones adquiere, él mismo, la característica de ser prohibido – como si toda la carga peligrosa hubiese sido transferida a él. Ese poder está ligado a todos los individuos especiales, como reyes, sacerdotes, o recién nacidos, a todos los estados excepcionales, como los estados físicos de la menstruación, pubertad o nacimiento, y a todas las cosas misteriosas, como la enfermedad y la muerte, que está asociada a ellas a través de su poder de infección o contagio.» (FREUD, (1913 [1912-13]) p.40)

En la leyenda en pantalla, se crea un tabú en relación a los senos de las mujeres violadas, que con un simple toque, podrían contaminar. Este miedo que en la película, hace con que las mujeres que realizan el embalsamiento de Perpetua, los eviten, y también a los alimentados por esos senos, los individuos sin alma, en la película, el caso de Fausta. Ella habría sido contaminada por esa mala leche y, al incumplir la prohibición del tabú, tocando y alimentándose en esos senos, se volvió portadora de él, pasando a ser también un tabú, algo a ser evitado. Como dice Freud (1913 [1912-13]) “la violación de un tabú transforma el propio transgresor en tabú”.

En su texto Tótem y Tabú, Freud (1913 [1912-13]), citando Wundt, dice también que:

(…)»los tabúes tienen su origen en la fuente de los instintos humanos al mismo tiempo más productivos y duraderos – en el temor de los poderes demoníacos (…) el temor objetivado del poder demoníaco que se cree yacer oculto en un objeto tabú (…) el tabú prohíbe cualquier cosa que pueda provocar ese poder y ordena que (…) la venganza del demonio sea alejada.» (FREUD, 1913 (1912-13) p)

Aunque la creencia en demonios no sea ya tan fuerte como en la época de Wundt, como argumenta Freud, la posibilidad de venganza y el miedo al despertar de instintos primitivos reprimidos en otros humanos, genera la necesidad del olvido que motiva la creación del tabú.

De cualquier manera, las prohibiciones que un tabú impone se dirigen, como ya puntúa Freud, a restringir la libertad de placer, de moverse o comunicarse, lo que ciertamente pasó con Perpetua y, por un largo espacio de tiempo, con Fausta.

Fausta no es, si no, una joven común, ella es la víctima de la leyenda de la “teta asustada”, vive reclusa, con miedo de todo y de todos, anda por la calle siempre próxima al muro de las casas, con miedo de las muchas almas enterradas por los caminos.

En el transcurso de la película, Fausta va poco a poco liberándose de esa pecha. En primer lugar, ella es forzada por las circunstancias a buscar la solución de problemas prácticos, como el de conseguir dinero para enterrar su madre. Sale, entonces en búsqueda de un empleo y va a trabajar en la casa de una pianista de gran éxito que se encuentra en un momento de total falta de inspiración. Allí, conoce a un buen hombre, el jardinero Noé.

En otro momento encuentra junto con su ama, una muñeca enterrada en el jardín, y ésta le cuenta que la hicieron creer, cuando niña, que sus muñecas, si enterradas, desaparecerían para siempre.

Es posible que en ese momento, Fausta al saber que su ama creía en una leyenda que no expresaba la verdad, puede haber empezado a cuestionarse sobre si las almas que juzgaba estar perdidas bajo la tierra, también harían parte de una leyenda que no coincide con la verdad. Por otro lado, Fausta puede haber creído que la muñeca encontrada sería su alma perdida y escondida en la tierra, pues en una de sus canciones, probablemente enseñada por la madre, ella canta:

Mi pequeñita paloma perdida

Huiste de miedo y perdió su alma

(…)

Busque, procure su alma perdida,

Búsquela en la oscuridad

Búsquela en la tierra.

 

“La Teta Asustada” es una película permeada por símbolos fuertes, algunos universales, otros regionales, como las canciones entonadas por su protagonista, Fausta, y por su madre. Sus canciones narran detalles de la historia de las dos que podrían pasar desapercibidos a los que ven la película.

Aunque la película sea rodada en Lima, capital del Perú, esas canciones son cantadas en quechua, lengua hablada en el poblado de donde Fausta y su madre vinieron, Ayacucho.

Las dos, Fausta y la madre, charlan cantando, la melodía va formándose a partir de la letra, forma y compás surgen en el momento cantado y la melodía, aunque rica, para ellas parece tener importancia menor, es preciso cantar en verso y prosa los horrores por lo que ellas pasaron, grabar las historias en la memoria.

El terror de Fausta es entonado en una canción para la madre ya muerta, cuando ella expresa la aflicción que sintió en su madre y, en sí, el miedo de volver a ser víctima del mismo crimen, del estupro. Fausta le explica a ella en esa canción, el porqué de haber introducido una patata en su vagina; forma de detener los “asquerosos” por el asco, canta ella. Esa acción nos lleva a pensar que Fausta necesitó actuar su fantasía de estupro. La idea sería impedirlo, mas ella concretiza el terror estuprándose con la patata. Ésta, es una forma que encuentra para protegerse de los peligros que la rodean.

Otro símbolo fuerte, universal, utilizado en la película es el agua, elemento de limpieza, de alegría, en la piscina improvisada en el lugar donde debería haber sido enterrado el cuerpo de la madre de Fausta. También el mar como posibilitador de un sentimiento oceánico, de paz, destino que al que parece acabó siendo el elegido para acoger el cuerpo de la madre muerta. Esa elección, al principio parece extraña, por estar Fausta y la madre presas del elemento tierra, pero se justifica al haber Fausta encontrado otro camino para su redención y también de la madre, representado por las perlas, elemento de las aguas, cargado de simbolismo.

La perla, según Chevalier, J. (1906), es el símbolo máximo de lo femenino, asociado a la sublimación de los instintos, la preciosidad y a la pureza, por no tener defectos y ser blanca. Ella tiene en su significado, lo opuesto a todo aquello que permeó toda la vida de Fausta, probable razón para que ella se deje fascinar cuando las ve con el ama y que la haga abrir mano de su tesoro, sus cantos, para poseerla.

Su adquisición exige gran esfuerzo y, como dice Rubem Alves, escritor brasileño,… «no existe perla si no hay sufrimiento… «.

En su poema “Pérolas”, Rubem Alves dice, entre otras cosas:

Las perlas son heridas curadas,

son productos del dolor,

resultado de la entrada de una sustancia

extraña o indeseable en el interior de la ostra,

como un parásito o un grano de arena.

(…)

Una ostra que no fue herida de algún modo,

no produce perlas,

pues la perla es una herida cicatrizada.

(…)

Fausta es el resultado de una herida, hecha en su madre-madreperla, penetrada por un elemento extraño e indeseable, y tendrá que esforzarse mucho para obtener sus perlas, que poseen el significado de su superación, de la cicatrización de sus heridas más profundas.

Para conseguir las perlas, Fausta vende su alma al diablo – su ama- que al oír Fausta canturrear la canción de la Sirena, hace con ella un trato: promete una perla por cada canción que Fausta cante para ella. Me refiero a la venta al diablo, al  abrir Fausta la mano de su canción, entregarla al ama, aunque sea esta la única fortuna que posee: sus recuerdos, su origen, la cultura de su aldea.

La canción de la sirena cuenta el acuerdo que los músicos hacen con una sirena, para que su música sea oída para siempre: para ello deben dar a la sirena un poco de quinua. La sirena contará los granos y cuando acabe llevará al músico al mar. Ocurre que la quinua es difícil de contar y la sirena desiste, dejando el músico con su don.

Fausta hace el acuerdo y pierde su música, que es tocada para el público por su ama, en una presentación, momento en que Fausta percibe que perdió su música, a cambio de las perlas.

Fausta, en posesión de las perlas, lleva a su madre para ser enterrada y en ese momento decide lanzarla al mar, donde ella será recogida por nuevo elemento resignificado, el agua en lugar de la tierra. Perpetua tendrá la paz, el retorno a los orígenes y el reencuentro con el útero de su propia madre.

El final de la película hace creer que Fausta empezó a vivir, superó algunos de sus conflictos: dio destino al cuerpo de su madre, consiguió un amigo en quien confiar y se liberó de la patata “plantada” en su útero. Al recibir de Noé, su amigo jardinero, una patata plantada en una pequeña maceta, ella finalmente… esboza una sonrisa.

 

REFERENCIAS

Barros, H. D. S. (2010) – Realismo fantástico en las canções de “La teta asustada”. Disponível en: http://www.rua.ufscar.br/realismo-fantastico-en las-cancoes-de-la-teta-asustada/

Chevalies, J. y Gheerbrant, LA.  (1906) –  Dicionário de símbolos: mitos, sonhos, costumes, gestos, formas, figuras, cores, números. 27ª ed – Rio y Janeiro: José Olímpio, 2015.

Escárzaga, F. (2001) – AUGE Y CAÍDA DE SENDERO LUMINOSO Bajo el Volcán, vol. 2, núm. 3, segundo semestre, 2001, pp. 75-97 Benemérita Universidad Autónoma de Puebla Puebla, México

Disponível en: http://www.redalyc.org/articulo.oa?id=28600305

Freud, S. (1913 [1912-13]) – Totem y Tabú. In Freud, Edição standard brasileira de las obras psicológicas completas de Sigmund Freud. Trad. J. Salomão. Vol. IX. Rio de Janeiro: Imago, 1996.

Freud, S. (1930 [1929]) – EL mal-estar en la civilização. In Freud, Edição standard brasileira de las obras psicológicas completas de Sigmund Freud. Trad. J. Salomão. Vol. IX. Rio de Janeiro: Imago, 1996.

Michaellis: Dicionário Prático de la Língua Portuguesa. São Paulo: Editora Melhoramentos, 2001.

Silva, Y. Mª. (2011) – Fausta y el canto de la sirena: mitología y violencia simbólica en La teta asustada. Cultura & Tradução. João Pessoa, v.1, n.1, 2011.

Autor (es):

Pilar Gavilano

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