El fundamento ético del principio de la abstinencia.

Autor(es): Viviana de la Jara

El principio de la abstinencia es un principio fundamental de la técnica analítica, pero también un principio ético. Que asumamos esto último requiere la necesidad de reflexionar sobre cuáles son esos presupuestos sobre los cuales se justifica, sobre todo si se tiene en cuenta que la concepción más extendida de la ética es aquella que la identifica con su dimensión normativa, dejando de lado la compleja estructura del actuar humano.

Desde esta perspectiva se sostiene que lo propio de la ética es que se ocupa del “deber ser”, que es un plano definido por lo ideal y prescriptivo en clara oposición del “ser”, que es el plano de la realidad, de lo que es, de lo contingente. Esta manera particular de entender la ética responde a una concepción del hombre y de la racionalidad que se remonta a la modernidad. Fue sin duda Kant, el filósofo moderno quien logró la conceptualización más acabada de este enfoque. El sustento de la división entre la dimensión del “deber ser” y del “ser” lo encontraba en la oposición entre el mundo de la experiencia (fenoménico) y el mundo racional (o nouménico). Es pues la razón, desprovista inclinaciones, sentimientos o deseos la que por oposición a la experiencia o a la realidad la que define la norma moral. Norma que en tanto expresión de racionalidad es universal. Actuar correctamente significa, desde esta perspectiva, actuar racionalmente, significa que la razón actúa con absoluta autonomía respecto a cualquier tipo de interferencia empírica, relativizando así el peso de nuestro entorno, de los afectos, de los deseos, de lo que somos. Entender el principio de la abstinencia desde la lógica de este enfoque ético implica entenderlo como un ideal regulativo que desconoce los movimientos pulsionales del analista. Pretender que la ausencia del deseo constituye el ideal del analista resulta artificial e indeseable: artificial porque desconocer el complejo mundo interno del analista es una construcción puramente abstracta e indeseable porque desestima el motor del proceso analítico. Es necesario encontrar una concepción de la ética que de sentido a la importancia a la contención y a la reserva del analista que parta de nuestro real modo de “estar en el mundo”.

De ahí que considero fundamental seguir la sugerencia de Hegel de repensar la ética de Aristóteles como un modelo alternativo a este primer enfoque. Para Aristóteles el criterio valorativo que ha de guiar el comportamiento humano ha de buscarse en lo que somos, en nuestro propio “estar en el mundo” condicionado por las particularidades de la realidad. Los ideales morales no podrían de ninguna manera estar fijados por una desconexión del mundo empírico. Lo normativo se sostiene y encuentra su sentido en lo descriptivo de ese “estar en el mundo” y con ello se refiere tanto a la dimensión social y cultural del ethos como al mundo interno del hombre que actúa. Los deseos, inclinaciones, afectos deben ser tomados en cuenta como parte fundamental de la compleja estructura del comportamiento humano. El deber aparece no como un ideal imaginario sino como un principio interior que permite el equilibrio de los deseos y pasiones involucrados en la acción humana. El deber es “actuar con mesura”, lejos de excluir las pasiones, deseos e inclinaciones del comportamiento humano, Aristóteles nos habla de “inteligencia deseosa” o “deseo inteligente”. Se trata de aprender a expresar aquellas inclinaciones en su “justa medida”, de aprender a contenerlas y no dejarse llevar por la hýbris. Esto sin duda supone todo un aprendizaje fundado en la experiencia y en el tiempo y a la necesidad de un autoconocimiento de lo que somos y queremos ser. La abstinencia supone la existencia de un deseo, deseo que debe ser contenido pero también reconocido, solo así se abre paso a la posibilidad de un análisis. A diferencia del enfoque de una ética deontológica, las reflexiones de Aristóteles en torno a la materia real que orienta nuestra actuar en el mundo abren el camino a una ética de la autenticidad que a mi juicio responde mejor al sentido de la práctica y método analítico.

Autor (es):

Viviana de la Jara

3 comentarios

  • Viviana:
    Muy interesante tu artículo. Me hace pensar en la relación, que subrayaba Horacio Etchegoyen, entre la ética y la técnica psicoanalíticas.
    Un abrazo.

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  • Viviana: muy interesante y pertinente tu análisis sobre el fundamento ético del principio de abstinencia en psicoanálisis, el poder recibir la transferencia como eso, transferencia, fundamentalmente con permanecer en la tarea. El paciente nos busca porque nos ve como un agente de cambio, y a pesar de que va a intentar que nos ubiquemos es el lugar de la necesidad y así»satisfacerla» por fin! Han venido para trabajar precisamente eso.

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