Cuerpo a cuerpo con la madre e identificaciones narcisistas alienantes.

Autor(es): Johanna Mendoza

En el marco del 31 congreso latinoamericano de psicoanálisis FEPAl, OCAL llevo a cabo una premiación a los tres mejores trabajos presentados por analistas en formación de Latinoamérica en el precongreso. 60 trabajos entraron a concurso los que fueron leídos en forma anónima y sin consignar el país de procedencia por 10 jurados de 10 países diferentes de la región. El trabajo de Johanna Mendoza Talledo de la Sociedad Peruana de Psicoanálisis, «Cuerpo a cuerpo con la madre e identificaciones narcisistas alienantes» obtuvo el tercer puesto en esta premiación.

El propósito del trabajo fue destacar el planteamiento del «sentir del cuerpo»(Alizade, 1999) en la constitución del psiquismo. En el, con el y por e comienza el despliegue del psiquismo y del pensamiento.

Si bien el nacimiento produce una separación corporal de la madre, los intercambios físicos y afectivos continúan y favorecen un nivel de indiferenciación a partir del cual surgen las primeras representaciones que les darán significado. Ese espacio psicosomático entre la madre y su hijo, correspondiente al proceso primario y que precede a la entrada del sujeto en el orden simbólico, ha sido denominado por Julia Kristeva (1980) “jorá semiótica” organización preverbal regida por fuerzas pulsionales, ritmos, sonidos y caricias, que genera el despliegue, aquella que Mc Dougall (1962) llama configuración somato psíquica primaria.

Mariam Alizade teoriza en textos fechados antes del 2000 sobre la «sensualidad originaria». Plantea que aquella junto con las pulsiones, son la base de la estructuración psíquica. La sensualidad originaria se refiere el cúmulo heterogéneo de sensaciones (olfato, vista, tacto, audición, gusto) que están a la espera de la supervivencia y cuya amenaza es la desintegración. El cuerpo percibe y siente. Las sensaciones se integran con engramas propioceptivos que posteriormente se enlazarán al universo representacional. El ámbito de lo irrepresentable, del antes de la palabra, prima en este escenario vincular. El sentir del cuerpo sería la base del sentido del «self» del que habla D. Winnicott (1969), preámbulo del Yo piel de Anzieu (1985).

Tenemos entonces el encuentro del psique soma del infante con un rudimentario desarrollo, con el psique soma de la madre portadora de las vicisitudes de su propia historia y de cultura.

La trama de base originaria se complejiza durante el crecimiento y la maduración pero en las profundidades psíquicas estarán engarzados con los recuerdos placenteros y/o traumas vivenciados y sentidos en el cuerpo, con los primeros objetos significativos. En este sentido las lastimaduras sensual-afectivas son heridas que, ante factores desencadenantes o simplemente frente avatares del crecimiento psíquico, pueden reabrirse, dando lugar a diferentes patologías.

El trabajo platea que la condición de desamparo «Hilflosigkeit» del recién nacido determina que el inconsciente (Laplanche, 1997) y el narcisismo parental se inserten en el psiquismo del infante a través de un tipo particular de identificaciones inconscientes alienantes (Faimberg, 2005), esta experiencia necesariamente tiene un correlato corporal, cuyo modelo originario es el cuerpo a cuerpo con la madre, sujeta de cultura, ofreciendo mensajes inconscientes.

Sumándome a la propuesta del congreso, de tomar en consideración el cuerpo y la cultura, vino a mi mente la película peruana «La Teta Asustada», dirigida por Claudia Llosa (2009) que se centra en los temores de las mujeres víctimas de maltrato durante la violencia política que vivió el Perú a finales del siglo XX. Fausta, la protagonista, es una joven que sufre, según creencias andinas, de una extraña enfermedad. La madre de Fausta, mujer ayacuchana fue violada durante la época del terrorismo. La historia nos narra cómo Fausta, hija de esa violación, interiorizó el miedo y el sufrimiento de su madre a través de la leche materna. La película nos relata, cómo el mayor temor de la protagonista era la posibilidad de repetir el trauma sexual, ya que siendo ella una joven adolescente, teme ser violada como lo fue su madre. Por esta razón ella se coloca un tubérculo en la vagina, una papa, pretendiendo así impedir, taponear, la posibilidad del impulso destructivo sexual perpetrado por otro. Ella no puede procesar esta dolorosa experiencia por estar ligada inconscientemente a estas identificaciones transgeneracionales alienantes, que en vano intenta detener. Según las creencias andinas, el susto, y el sufrimiento que vivió su madre le robaron el alma, impidiéndole «enterrar» esa parte de su historia vincular por vía materna, acceder a un proceso de elaboración del duelo y poder ser agente de su vida en la nueva cuidad.

Con este análisis mas detallado en el artículo, quisimos presentar nuestra propuesta de relevar el sentir del cuerpo envuelto en la experiencia originaria del cuerpo a cuerpo con la madre, sostenido por el ambiente, enraizado en la cultura; la piel como superficie de inscripción de las relaciones con los otros (Anzieu, 1989); y cómo las fallas ambientales pueden producir dolores psíquicos y amenazas de tal intensidad que dificultan el despliegue de la psique, generando a veces patología. No nos escapamos al destino de tener que elaborar las sujeciones alienantes parentales. Esto exigirá periódicamente la inversión de un trabajo de interpretación, reconstrucción, de reorganización de nuestros contenidos psíquicos para que “el pasado se constituya verdaderamente como pasado” (Faimberg, 2005, p. 35), y que el sí-mismo, al mismo tiempo enraizado en su historia individual y cultural, tenga disposición hacia lo nuevo. En esta experiencia de elaboración el cuerpo siempre está presente.

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