Asociaciones personales. XXV Encuentro de D.W.Winnicott.

Autor(es): Jennifer Levy

Tuve la oportunidad de viajar a Santiago entre el 11 y 13 de noviembre para participar en el XXV Encuentro Latinoamericano sobre el Pensamiento de D.W. Winnicott: “Clínica de la Neurosis y la Psicosis. Variedades de la Transferencia”. Si bien este congreso estuvo dedicado a seguir pensando las ideas de Donald Winnicott y su modelo clínico también fue una oportunidad para entrar en contacto con el psicoanálisis que se practica hoy en Latinoamérica. Asistir a este encuentro fue muy enriquecedor no solo porque me permitió seguir profundizando en los conceptos winicotianos clásicos sino porque pude conocer de cerca las experiencias clínicas y los desarrollos teóricos de un grupo importante de analistas de nuestro continente que utilizan a Winnicott como un marco de referencia para escuchar las demandas emocionales de los pacientes que llegan al consultorio hoy. Por ejemplo, el uso de herramientas tecnológicas como el whatsapp puede funcionar como un “espacio potencial” en el trabajo con pacientes que sufren crisis de angustias y que necesitan sentir la presencia del analista para encontrar la calma. Una propuesta que nos hace pensar en el tipo de figura (función) que los pacientes nos piden tener en la actualidad.

Descubrí que Winnicott representa un paradigma clínico en el que el psicoanalista está abierto a lo inédito. Su deseo por descubrir al otro lo lleva a la construcción paulatina de metáforas y significados que den sentido a la experiencia temprana del paciente. Desde esta perspectiva, el analista es un ser mucho más “ingenuo”; es decir, está inmerso, al igual que su paciente, en un proceso de descubrimiento (con todas las incertidumbres, las dudas y desafíos que esto implica). Así, las sesiones analíticas son el lugar de encuentro de dos psiquismos, uno que ayuda al otro, pero ambos sujetos a fantasías inconscientes y a regresiones a la dependencia. Aunque el paciente no lo perciba, el analista también está en una situación de vulnerabilidad.

En este XXV Encuentro sobre el Pensamiento de Winnicott se enfatizó la necesidad de reflexionar sobre el analista y su contra-transferencia. Según Gonzalo López, chair del Grupo Winnicott Chile, “hoy hablamos de una clínica centrada en el analista”. La tarea de acompañar a los pacientes en su regresión a una nueva dependencia que corrija o revierta los fallos del ambiente temprano, supone una entrega que tiene un costo emocional altísimo del que no se habla pero que no podemos ignorar. El análisis personal se convierte en un requisito fundamental para manejar las identificaciones proyectivas, el viaje regresivo y el cuidado maternal primario que implica nuestra tarea psicoanalítica.

Asistí a una mesa donde Carlos Nemirovsky, Matías Fernández y Rodrigo Rojas se reunieron para dialogar en torno al tema de la “Transferencia y la Contratransferencia”. Siguiendo a Winnicott, corroboré (una vez más) que los pacientes no van a psicoterapia para escuchar grandes interpretaciones o brillantes señalamientos sino que vienen a sentir que hay alguien que está allí con ellos de un modo vivo, vital, interesado y dispuesto a recibirlos. Para muchos, solo el hecho de ser mirados en su individualidad, constituye una experiencia fundante. Gracias a esta mesa, valoré aún más el Seminario de Observación de Infantes que mis compañeros de la XII promoción y yo estamos llevando en nuestro primer año de formación en el Instituto. La observación atenta de los diálogos no verbales y la comunicación inconsciente que se va tejiendo en el vínculo temprano entre una madre y su bebé, son claves para el trabajo clínico. Esta experiencia nos abre puertas secretas de nosotros mismos y, por lo tanto, nos da herramientas para poder contener a otros.

Como ya dije, el uso de la tecnología fue otro de los grandes temas. Ana Paula Bradão de Brasil, Mireya Faivovich y Lucio Gutiérrez, ambos de Chile, son analistas que han decidido usar el Skype, el whatsapp y los juegos digitales de las tablets como aliados en el trabajo con pacientes que viven lejos, que tienen crisis de angustias y, también, con niños y adolescentes. La tendencia actual va en la línea de incorporar la tecnología como un instrumento de comunicación, que no reemplaza, pero que complementa el encuentro psicoterapéutico real. Así como en su momento Margaret Little, Sándor Ferenczi, Paula Heinman y Heinrich Racker reevaluaron el uso de la contratransferencia como un instrumento indispensable para comprender al paciente, hoy, tenemos el reto de incluir estos métodos tecnológicos como parte de nuestro encuadre.

Otro de los grandes aportes de este Encuentro fue la presentación del libro “Sexo y psicoanálisis. Una mirada a la intimidad adulta”, cuya publicación fue posible gracias a Carmen Gloria Fenieux y Rodrigo Rojas, los editores. Se trata de un libro en el que distintos autores de nuestro continente retoman las ideas de Winnicott para pensar la sexualidad contemporánea. Tuve el privilegio de participar de este proyecto con un artículo donde utilizo la novela Chesil Beach (Ian Mc Ewan, 2008) como un marco de referencia (clínico y literario) para hablar de las inhibiciones sexuales femeninas que descubro con frecuencia en mi práctica clínica.

Al cabo de este congreso me quedé con la sensación placentera de haber conocido gente de distintos lugares de Latinoamérica que vienen trabajando y recreando las ideas de Donald Winnicott para adaptarlas al mundo nuestro de hoy.

 

 

 

 

Autor (es):

Jennifer Levy

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